viernes, 5 de junio de 2015

KARANDASH EL PAYASO DE LA SÁTIRA EN LA ÉPOCA SOVIÉTICA 1901-1983




“La risa no es un objetivo, es un medio que lleva la idea al entendimiento”


Karandash 1901-1986


Nos hemos despertado con ganas de hacer un breve un recorrido por la vida Mijaíl Rumyantsev, conocido como Karandash, artista del clown en el pueblo de la URSS, y maestro de los famosos payasos rusos Oleg Popov y Yuri Nikulin.
Karandash comenzó su carrera a edad temprana, con 13 años ingresó en la Escuela de la Sociedad de Artes y Oficios para el Fomento de las Artes. Durante la adolescencia trabajó como diseñador de carteles y en 1925 se trasladó a Moscú, donde inició su carrera como clown imitando a Charlie Chaplin, pronto abandonó esta faceta y se inició en la sátira, por la que pasaría a formar parte de la historia.  






El público lo acogió con gran interés. En ese momento Karandash completó su imagen con un pequeño terrier escocés, el perro se convirtió en su distintivo.
Muy popular entre el público soviético por su sátira audaz hacia los temas más candentes de la Alemania Nazi. Fue uno de los primeros payasos  Soviéticos cuya popularidad se extendió más allá de su propio país. Su presencia en cualquier circo era equivalente a lleno absoluto, ya que era muy exigente, detallista y minucioso con su trabajo. Estuvo sobre la arena del circo durante 55 años, la último vez que apareció en el escenario fue sólo dos semanas antes de su fallecimiento. La escuela de circo de Moscú lleva su nombre.

miércoles, 27 de mayo de 2015

CADENA DE VALORES


La transmisión de principios y de conocimientos son los pilares de nuestra evolución, sin embargo parece que no son muy estables en los últimos tiempos.
Hace unos días, llegaba a nuestros oídos el relato de Mary, una mujer de 60 años y de origen británico que lleva afincada en nuestro país más de una década. Una crónica, que nos obligó a pensar en cómo estamos transmitiendo los valores fundamentales para la convivencia en sociedad ¿lo estamos haciendo bien?
La pasada semana, Mary fue visitada por su madre y su tía, Roselyn y Catherine, dos ancianas octogenarias con alguna que otra dolencia física. Su tía Catherine, sufre severos problemas en su cadera, lo que la obliga a ir en una silla de ruedas la mayor parte del tiempo. Las tres mujeres, decidieron aprovechar la buena meteorología y pasar el día fuera de la ciudad. Mary empujo la silla de ruedas hasta la estación de transporte público, una vez allí, Catherine se incorporó y comenzó la espiral de contratiempos. Sin apoyo, Mary tuvo que ayudar a la anciana a subir las escaleras del medio de transporte, abrir el maletero e introducir la silla de ruedas, las cuales tienen un peso considerable. Llegó la hora de bajarse y Mary observó sorprendida como el resto de pasajeros habían depositado sillas de playa, neveras de mano, maletas… encima y alrededor de la silla de ruedas ¿Cómo iba a sacar la silla y sostener a Catherine al mismo tiempo? Observó como la gente pasaba a su alrededor sin percatarse de la situación, ni prestar auxilio. De repente, un joven matrimonio de extranjeros se detuvo y comenzó a sacar todos los bultos del maletero. Entre todos la tarea resultó menos ardua  y más gratificante. Quizás el matrimonio hubiese vivido una situación similar o ¿se trata de un cambio en nuestros valores y principios?
Las palabras de Mary navegaban entre la gratitud y la incredulidad, no podía evitar dejar ver un poso de decepción.
              www.dibujosparaunaboda.com de Eva Vega Caña       


Vivimos un momento, en el cual, nuestros jóvenes y no tan jóvenes son personas formadas, con amplio conocimiento técnico y científico. Temas líderes en el sistema educativo actual. Quizás sea el momento de dar un paso adelante y comenzar a incidir en planteamientos sociales en los programas educativos. Volviendo a dar valor a lo que antes lo tenía, y  lo que para muchos sigue siendo un básico para el entendimiento entre los seres humanos. Solo necesitamos predisposición. 

jueves, 14 de mayo de 2015

LA BUENA SALUD DEL TRABAJO EN EQUIPO


En el colegio, en el instituto, en la universidad, en el deporte y en la vida laboral se prodiga el trabajo en equipo.

En la infancia comienza el trabajo en grupo en todas las actividades que se realizan, aún así esta forma de trabajo sigue siendo uno de los quebraderos de cabeza de muchas personas. Especialmente cuando no existe química ni jerarquía a la hora de desarrollar la actividad propuesta.

No todas las personas están capacitadas para aceptar críticas, ni mucho menos las decisiones tomadas por la mayoría del equipo.

Construir un buen equipo


Iniciar una actividad con varias personas es una ardua tarea. El éxito o fracaso de esta depende de la elección previa de los profesionales que la van a realizar y de las virtudes de los mismos en cuanto a coordinación, comunicación, lealtad, cordialidad, motivación, critica, optimismo, respeto, compañerismo, tenacidad, perfeccionamiento, unidad y sobre todo humildad.

Las diferentes personalidades tienen que ser un aliciente positivo para el equipo, ya que la opinión o visión de cada individuo enriquecerá el proceso de creación y con ello el producto final.

Trabajar en grupo da muchas alegrías pero también muchos disgustos, para evitar algunos de ellos como la puntualidad o la carga de trabajo individual deben establecerse unos estamentos, en ellos se sientan las normas con las que cada persona se compromete a respetarlas y cumplirlas durante el tiempo que permanezca en la agrupación.

Las ventajas del colectivo


A medida que pasa el tiempo, el grupo se va conociendo y la producción mejora notablemente. La única pega es que para llegar a ver las ventajas de un buen trabajo en equipo hay que pasar por más de una crisis.

Hay menos estrés porque el trabajo es compartido, descendiendo el volumen de responsabilidades de cada miembro.

Las soluciones se buscan entre todos y mediante un consenso se valoran las mejores opciones. No existe la posibilidad de que un único sujeto lleve la carga de tomar las decisiones definitivas.

Se comparten los sinsabores, pero también la felicidad y ya se sabe que no es lo mismo una celebración con una sola persona que una con varias.

Cada miembro dispone de más información, ya que son muchas cabezas pensando e investigando.

Los resultados del trabajo en grupo siempre son mejores que los del trabajo individual.





Los rompecabezas del enjambre

Situaciones de tensión, llantos, gritos, miradas asesinas son algunos de los gestos que más se repiten cuando se trabaja codo con codo con diferentes personas, pero no tiene porqué ser un problema sino una alegría, ya que son los errores los que nos enseñan.

La mayoría de las contrariedades surgen por el comportamiento de sujetos tiranos que intentan imponer su criterio al resto. También por las personas que no se sienten a gusto con su ocupación y pagan esta frustración con el trabajo del resto. Otra causa es la subdivisión del grupo, el surgimiento de competencia entra las personas y la no implicación de todos los miembros con la misma intensidad y volumen de trabajo.

El enfrentamiento no tiene cabida

Es básico saber controlar los roces que van surgiendo porque si no el equipo se irá deteriorando hasta fracasar. La mejor opción es realizar semanalmente una reunión donde se exprese con sinceridad los problemas que hayan ido apareciendo y, en la misma, solucionarlos convirtiendo poco a poco al grupo en un conjunto sólido e infranqueable.

A medida que el trabajo se va resolviendo, el cansancio y las pequeñas frustraciones se hacen más evidentes, por ello hay que incentivar a los miembros evitando así que la desilusión se apodere de ellos y fomentando el orgullo de ser parte del grupo.

Es un reto trabajar en equipo, para ello hay que colmarse de paciencia, ilusión y armonía. Tener presente que todo tiene solución y entender que la unión se forja con tiempo, trabajo y errores.

miércoles, 6 de mayo de 2015

¡SOY VALIOSO!


 “Tienes que portarte bien”. “Si eres malo Los Reyes Magos te traerán carbón”…  son algunas de las frases con las que los adultos tendemos a  bombardear a los más pequeños. ¿A qué nos referimos? En términos generales, a  como tratamos al resto de  personas, pero  ¿cómo nos tratamos a nosotros mismos? A lo largo de nuestras vidas, son pocos los consejos que recibimos sobre aquello que no debemos pensar o decir sobre nuestras habilidades, aspecto físico o rasgos psicológicos.
 “Si insultas a tus amigos te castigaré” y ¿sí los descalificativos son vertidos por y para nosotros?, ¿qué ocurre? Normalmente nada. Por ello, cuando nos equivocamos, fracasamos o no controlamos una situación, muchos de nosotros tendemos al pesimismo, a la autocompasión y al automaltrato. Para ello contamos con una amplia gama de autocastigos como “no sirvo para nada”, “soy un perdedor”,  “merezco esto y más”. Que levanten la mano quienes nunca hayan difamado su propia persona. Quizás tengamos otras opciones, como reconocer que todos nos equivocamos alguna que otra vez.  Por consiguiente, equivocarse significa que lo has intentado y el verbo intentar solo lo utilizan los valientes. 

Imagen del libro "Don Clemente, un trabajo diferente" donclementeblog


En mayor o menor medida todos intentamos ser empáticos con los demás. Así que ha llegado el momento de mostrar esa generosidad hacia nuestra persona y tirar a la basura el verdugo que llevamos dentro.  Poner un punto final a la espiral de autodestrucción que solo nos conduce al miedo, a la negatividad y al sentimiento de inferioridad. Aceptar la experiencia del momento por difícil que sea, ya que de nada sirve no hacerlo. Además, el victimismo no está de moda.
¡Recuerda! Todos sufrimos, enfermamos, fracasamos, perdemos a un ser querido, y todo esto no significa ser mejor, ni peor que el resto. Todos los seres humanos somos merecedores de compasión y compresión. Autoinfligirse crueldad solo nos hace sufrir. Entender la situación, solidarizarnos con ella y por consiguiente con nosotros implica que queremos ser felices y gozar de salud, pero ¡ojo! no quiere decir que tengamos carta blanca para hacer lo que queramos pudiendo perjudicar  nuestro bienestar.

En tu mano está el modo de afrontar las situaciones, puedes optar por la autodestrucción no consiguiendo nada o, por el contrario, aceptar que la vida está llena de fracasos y de éxitos. Sobre todo, está llena de las carcajadas que provocan esos momentos en los cuales en tu cabeza solo imperaba un pensamiento: “Tierra trágame”.

jueves, 23 de abril de 2015

LA LEYENDA DEL CENTRO ESCÉNICO PUPACLOWN

Cuenta la leyenda que cuando se excavaron los cimientos para construir el Centro Escénico Pupaclown, la máquina perforadora golpeó una gran losa de piedra, a cuatro metros de profundidad. Tras duros esfuerzos, con diferentes máquinas, consiguieron desplazarla y un enorme y profundo túnel quedó al descubierto. El arquitecto, fascinado por el descubrimiento, decidió investigar y averiguar qué había al otro lado del túnel. Se adentró en él, solo y con un buen equipo de espeleólogo y anduvo varios kilómetros por un pasadizo oscuro, húmedo y silencioso... 
Cuando el cansancio ya empezaba a quebrarle el ánimo percibió un sonido extraño, un tictac profundo que le animó a seguir. Una tenue luz azulada apareció tímida en la oscura profundidad. El arquitecto aceleró el paso, ansioso por descubrir el misterio. La luz creció en intensidad y una abertura se dibujó en la oscuridad. Había llegado al final. Salió del túnel y se encontró con una escalera de caracol que ascendía muchos metros. Resopló. Descansó un rato e inició la escalada de la espiral ascendente. Tras mucho esfuerzo, algún descanso y muchos más resoplidos llegó a una estancia circular. Tenía la sensación de estar muy alto. Se acercó a dos ventanas ovaladas y se asomó. Lo que vio le dejó estupefacto. ¡Estaba en la cabeza del Cristo de Monteagudo! Se asomaba por sus ojos y veía la inmensa huerta, los pueblos, el río, las montañas y la vida que fluía a sus pies, ignorante de su presencia. Se preguntaba qué finalidad tendría el túnel. Pronto lo sabría. Estaba tan cansado que se quedó durmiendo sentado contra la pared bajo los ojos ventana. Un chisporroteo le despertó y pudo ver un remolino iridiscente que se formaba en el centro de la habitación con el rayo de sol que en ese momento entraba por los ojos del Cristo. Antes no había visto una pequeña piedra tallada, muy brillante, en el centro de la habitación. El rayo de sol la hacía refulgir y crear ese efecto. Pero lo más curioso es que el remolino se deshacía y rehacía dejando una estela que se perdía por la escalera. Cuando el sol se ocultó todo acabó. El arquitecto decidió volver y bajó las escaleras fascinado aún por lo que había presenciado. Sin saber porqué se sentía feliz, pleno. Para su sorpresa el túnel estaba iluminado por el resplandor iridiscente del remolino, en todo el recorrido hasta la entrada del túnel. Comprendió que al remover la losa habían devuelto el flujo energético, que manaba del cristal tallado en la cabeza del Cristo, hasta el lugar donde construían el Centro Escénico Pupaclown, quizás antiguo espacio donde se realizaran rituales sagrados, a saber. Decidió cambiar los planes de la construcción para dejar abierto el túnel y nutrir así el nuevo edificio de esa energía tan especial. Desde entonces, se cuenta que hay un punto en el centro del escenario donde la energía es mayor y se percibe de forma inusual el resonar del tictac del Cristo de Monteagudo, corazón delator, puerta o pasarela a otros mundos, lugar de confluencia cósmica, o simplemente, fantasía desbordada del inquieto arquitecto . En cualquier caso es digno de visitar. Sales transformado, un poco más.



jueves, 16 de abril de 2015

¿DÓNDE ESTÁ EL PADRE DE LOS SIETE CABRITILLOS?


¿Y el de Caperucita? ¿Y el de los tres cerditos? Son muchas incógnitas a resolver, pero no os preocupéis porque vamos a aplicar la lógica infalible de la psicología profunda para dar luz a la oscuridad. Hemos escrito en anteriores post sobre el papel simbólico de las figuras parentales en los cuentos, pero lo cierto es que en estos cuentos tan básicos como primarios y absolutamente exitosos entre niños y niñas de la primera edad, el padre no aparece, aunque ha dejado su huella, claro está (¡siete cabritillos!). No vamos a especular sobre si está de inmigrante, cazando, merodeando por ahí o, Dios sabe dónde, lo cierto es que no está. Pero es que en estos cuentos no hace falta. ¿Es necesario el padre para el niño o la niña en la primera infancia? Me temo que no. Solo es necesaria la madre y punto, lo que no quiere decir que su presencia no sea importante, es otra cosa. Luego vendrá otro momento evolutivo en el que sí sea vital su presencia y que los cuentos se encargarán de recoger bien.
En los siete cabritillos se muestra el primer contacto con el tiempo biológico real (el reloj) y la primera separación de la madre y los peligros que trae consigo. Y además, sin quererlo ellos, viene impuesto.
En Caperucita, la pequeña se atreve a lanzarse al mundo, es valiente, está creciendo y se adentra sola en ese bosque, inconsciente colectivo repleto de florecillas…y lobos.
Y en los tres cerditos ya pretenden organizarse con autonomía propia, sin madre, sin padre, nada, como si fueran una experiencia “in vitro”, entrando en el mundo con su organización social, pero, ojo, que hay que saber estar con uno mismo, haber integrado todas las etapas del crecimiento o… el lobo, siempre el lobo.

Así que ya vemos, el padre no hace falta para nada. Bueno, suponemos que está procurando el sustento, o no, cualquiera sabe. No juzguemos. Llegará su momento de ejercer.


martes, 7 de abril de 2015

¡QUE ME COME EL LOBO!


Ésta frase tan oída tiene mucho que contarnos. Veamos. ¿Qué significa el lobo en el imaginario infantil? Cuando un niño o una niña tiene miedo de algo, y son muchos los miedos que les asaltan, tiende a pensar que va a ser tragado por algo infernal, maligno, grande y oscuro, que va a desaparecer de la faz de la tierra de un solo bocado. Y ésta imagen se la han prestado los cuentos. Sí, los cuentos de lobos, brujas, ogros y otras lindezas. ¿Y es eso malo? Pues no, claro que no, más bien al contrario, los cuentos le han preparado para que pueda dar forma, poner imagen a algo tan horrible como lo que le está pasando. Un niño o una niña que sufre necesita poner cara al sufrimiento, pero a veces es muy dura de aceptar esa cara, así que lo mejor es “desviarlo” hacia un tipo de personaje que encarna todo eso que no quiere sufrir, pero del que no puede escapar. Y cuando no se atreve a entrar solo en territorios prohibidos por oscuros, desconocidos y por lo tanto temerosos (eso de crecer es muy duro), entonces aparece en su mente la figura del lobo. ¡Que me come el lobo!… si entro ahí, si doy un paso para ser mayor, si tengo que responsabilizarme de algo que no me gusta porque me inquieta, si me quedo solo porque mis padres se han ido y no sé si volverán… Son muchas las razones para creer que el lobo te va a comer y un niño o una niña las puede enumerar una por una, sin pestañear. Pero no hay que preocuparse porque el lobo nunca se come a nadie, aunque es bueno que ande merodeando por ahí.

Cuando sí que se come a los niños y a las niñas es cuando los padres se pelean, se odian, no saben quererse o aceptar una relación segura para el niño o la niña, entonces las fauces del lobo son grandes, muy grandes y ellos no tienen quien les proteja, pues quien debe hacerlo anda peleándose. Se sienten culpables y hasta puede que interioricen al lobo de tal forma que cuando sean adultos repitan el modelo que han visto. Solo el amor, en sus infinitas formas, sabe contar el cuento de la verdad, el que todos necesitamos para vivir y crecer. ¿Sabes cuál es?