miércoles, 18 de febrero de 2015

LA TENSIÓN DRAMÁTICA



Muchos actores y actrices saben de la tensión dramática, esa cosa difícil de definir y que convierte el falso momento teatral en una puerta a lo sublime. Uno de los grandes logros del hecho teatral es la devolución del tiempo transcurrido sobre el escenario como un instante eterno, detenido ante el gesto y la expectación. Ocurre pocas veces, pero cuando tiene lugar, todo cobra un sentido mítico. Un actor, o una actriz, están contando una historia con la sinfonía de sus movimientos y el vuelo de sus palabras y, en un determinado momento, suspenden el tiempo sobre la espera del desenlace. Es el “y de pronto…” de los cuentos. El momento detiene el flujo de la lógica, la espera se vuelve contemplativa, algo importante va a suceder, el desenlace, imprevisible, puede marcar rumbos insospechados. Ante ésta atención plena se concentran todas las energías del cosmos congregadas en ese instante por el actor demiurgo. Es la mirada del niño que descubre a cada momento algo nuevo y fascinante, serena, confiada, agradecida, esa mirada que conservamos dentro hasta que alguien la convoca para que de fe de las infinitas maravillas que nos rodean, de los infinitos mundos que se crean a cada instante, contenidos unos dentro de otros en singular conjunción. Esa tensión dramática nos recorre toda la vida para ofrecernos miradas de nosotros mismos, pues al fin y al cabo todo lo que hay afuera es el reflejo de lo que hay dentro.


Desierto de Atacama en septiembre tras la lluvia

martes, 10 de febrero de 2015

ENSÉÑAME A VIVIR


Es muy corriente presenciar escenas en las que se les dice a los niños, a veces con mucha rudeza, lo que han de hacer. Y siempre es por su bien, nos justificamos. No pensamos que están aprendiendo a ser, que necesitan modelos y no órdenes, la mayoría de las veces incomprensibles e injustas, fruto de nuestro propio fracaso. Y en éste estado pretendemos que “aprendan”. La educación es algo muy sutil que va calando y recreando formas nuevas donde antes solo había candidez e ingenuidad, ese estado creativo con el que nacemos y que vendemos por el camino a cambio de una muestra de amor duradera, la que sea. Lo malo es que nunca es suficiente. Ya hemos dicho en otras entradas de la importancia de amar y ser amado, es la única forma de crecer como seres y llegar hasta el final con una sonrisa en los labios y lúcida esperanza.
Y todo esto viene a cuento del cuento que os pegamos a continuación. Es de Anthony de Mello, de su libro “La oración de la rana”.
 “Al darse cuenta de que su padre se estaba haciendo viejo, el hijo de un ladrón le pidió:
-          Padre, enséñame tu oficio, para que, cuando te retires, pueda yo seguir la tradición de la familia.
El padre no dijo ni palabra, pero aquella noche se llevó al muchacho consigo para asaltar una casa. Una vez dentro, abrió un gran armario y ordenó a su hijo que averiguara lo que había dentro. Apenas el muchacho se había introducido en el armario, el padre cerró violentamente la puerta y dio vuelta a la llave, haciendo tanto ruido que logró despertar a toda la casa. A continuación, se largó tranquilamente.
En el interior del armario, el muchacho estaba aterrorizado, enojadísimo y preguntándose cómo iba a arreglárselas para escapar. Entonces tuvo una idea: comenzó a maullar como un gato; con lo cual, un criado encendió una vela y abrió el armario para dejar salir al gato. En cuanto se abrió la puerta, el muchacho saltó afuera y todo el mundo se fue tras él.
Al topar con un pozo que había junto al camino, el muchacho arrojó en él una enorme piedra y se ocultó en las sombras; al cabo de un rato logró escabullirse, mientras sus perseguidores escudriñaban el pozo con la esperanza de descubrir en él al ladrón.
De regreso a su casa, el muchacho se olvidó de su enfado, impaciente como estaba por relatar su aventura. Pero su padre le dijo:
-          ¿Para qué me cuentas esa historia? Estás aquí, y eso es lo que importa. Ya has aprendido el oficio.”


Así es la educación, debe enseñarte a vivir.

Dibujo cedido amblemente por Mónica Carretero

miércoles, 4 de febrero de 2015

LA PÉRDIDA

“No hay nada más amado que lo que perdí”, cantaba Serrat y quizás tenga razón. Todos afrontamos pérdidas, todos los días y a todas horas. Perdemos células (las cambiamos por otras nuevas), pelo, uñas, juventud, posesiones, amigos, seres queridos… Pero hay pérdidas que nos duelen  y otras que no. Y todas son lógicas, necesarias, es la dinámica de la vida.

El problema viene cuando tenemos que afrontar pérdidas que no queremos aceptar, cuando el dedo del destino señala en el lugar más inesperado o a la persona más querida. Entonces caemos en el abismo y no hay comprensión ni creencia que nos consuele, no aceptamos lo que nos llueve con rabia. A nosotros, no. A mí no me puede pasar algo así. He sido bueno, buena ¿por qué entonces éste golpe tan mezquino? ¿Dónde está Dios? ¿De qué va todo esto? ¿Qué hago aquí? ¿Por qué sigo vivo? ¿Por qué sigo viva?

Estas mismas preguntas nos las hacemos cuando presenciamos atónitos el gran desastre  que el humano provoca con guerras inadmisibles en las que siempre sufren los más débiles y desfavorecidos. O cuando no somos capaces de ayudar a los que mueren de hambre por las eternas sequías, y no será por falta de recursos en todo el planeta.

Es entonces cuando, si nos recluimos en nuestro interior, y conseguimos un poco de calma en los aullidos de nuestros lobos personales, podremos percibir con algo de nitidez que la vida es lo que es, que tiene una lógica interna difícil de comprender, unas leyes inexorables exentas de moralidad o compromiso, que el hálito que todo lo interpenetra está más allá de nuestra estrecha visión y de nuestros apegos esenciales. Entonces sólo nos queda respirar el momento y hacer nuestra aportación al universo, construir nuestro bosque, metáfora de la creación, ordenar nuestro alrededor con una sola intención: hacer que la vida fluya sin pretender que haga los meandros que a nosotros nos interesa. Aceptar el curso de éste río vivificador y navegar con él hasta el océano, último refugio tras el último suspiro. Y sonreír en silencio ante tanta magnificencia.


martes, 27 de enero de 2015

UNA COMUNIDAD ESCÉNICA

Un niño entra en el teatro junto a su hermana porque su padre, su madre o ambos, han decidido que ese taller les vendrá bien, tras consultarlo con ellos, claro está, pues siempre tendrán la última palabra ante las iniciativas de los mayores que repercute en ellos. Pero lo que el niño no sabe es de qué va esto. Su hermana, mayor que él, sí. Le han dicho que va a hacer teatro, que conocerá a más niños y niñas, que le ayudará a superar su timidez, que…ha empezado a agobiarse. Tiene pánico a mostrarse en público, a que lo miren, es todo lo contrario a su hermana, extrovertida, egocéntrica, graciosa… ¡Qué soso eres, hijo! le repiten como una cantinela. Pero él ha decidido ya que no va a pasar otra vez por la vergüenza de estar ante todos y tener que hacer o decir algo “gracioso”. Y se niega. Y se lo dice a su madre muy bajito, no le vayan a oír. Su madre intenta convencerlo una vez más, hasta que se da por vencida con cierta frustración. Se lo dice al profesor del taller y éste le suelta al niño:

¡Estupendo porque somos muchos! ¿Quieres ser el fotógrafo del taller? Te dejo mi cámara y vas haciendo fotografías de todo lo que hagamos y a ti te guste. Eres libre para moverte por donde quieras.

Al niño se le enciende un brillo en los ojos y acepta de inmediato.
Así podría empezar la crónica de uno de tantos talleres de los que se hacen en el Centro para niños y niñas con o sin discapacidad, donde todos caben, donde cada uno aportará lo mejor que tenga, donde eres importante.

La crónica también podría describir cómo resuelven problemas de comunicación, el primer día del taller, una niña sorda con otra que no lo es y no sabe lengua de signos. ¡Pues con el whatsapp!

O cómo consigue un niño ciego seguir a otro arrastrándose a través de un pasadizo imaginario sobre las tablas del escenario. ¡El primero va dando golpes en el suelo! Pero lo más interesante de todo es la facilidad con que lo resuelven. No hay juicio ni rechazo ante la discapacidad, sea la que sea, hay relación entre niños y niñas con la misma intensidad por vivir, por jugar al teatro, la danza o los cuentos. Y es esa maravillosa interacción que proporcionan los niños y niñas de los talleres lo que va construyendo ésta pequeña comunidad escénica que es el Centro Escénico Pupaclown. Se trata de ir tallando poco a poco todas las facetas de un bello cristal que muestre la rica e infinita diversidad del ser humano, dinámica y sincera. Y las artes escénicas son una buena excusa, un crisol donde compartir lo mejor de cada cual. La puerta está abierta, nunca se cerrará y las posibilidades tan infinitas como el arte.



jueves, 22 de enero de 2015

OFRENDA PARA UNA CONSTRUCCIÓN

Hace muchos años, cuando íbamos a comenzar la construcción del Centro Escénico Pupaclown, decidimos hacer un sencillo ritual en el solar donde se levantaría el edificio. Estábamos agradecidos con la vida por permitirnos ser partícipes de un proceso que podía ser importante en nuestras vidas. Importaba mucho la intención con la que nos adentrábamos en él, así que nos plantamos en el solar vacío con un paquete de tabaco sin aditivos y sin papel para hacer nuestra peculiar e iconoclasta ofrenda. Era la forma que teníamos de pedir permiso para habitar un espacio nunca antes ocupado. Tras repartir el tabaco en los cuatro puntos cardinales leímos en voz alta ésta oración creada para el momento:

Manifestamos nuestro agradecimiento a los cuidadores del equilibrio en la Naturaleza de este lugar.
Manifestamos nuestro agradecimiento al agua que nos saciará cuando tengamos sed y al sol que nos calentará para que nunca tengamos frío.

Manifestamos nuestro agradecimiento al buen viento que siempre limpiará este lugar de prejuicios y malos modos y nos traerá nuevas y fecundas ideas.
Manifestamos nuestro agradecimiento al universo en general por permitirnos construir un edificio para el crecimiento de niños y niñas.

Manifestamos nuestro agradecimiento por permitirnos tener ordenado el pensamiento y el acceso al territorio sagrado de nuestras energías.
Manifestamos nuestro agradecimiento por permitirnos vivir como hermanos con todos los seres del Planeta.

Construiremos un gran edificio que siempre tendrá la puerta abierta y donde quepan en paz todos los seres de la Tierra.
Construiremos un edificio lleno de sonrisas para que los niños y niñas aprendan a amar la vida.


Y tras el compromiso establecido con las leyes ocultas del universo comenzó la andadura. Y ya hemos llegado hasta aquí.

miércoles, 14 de enero de 2015

VIAJE AL INTERIOR DE UN CUENTO

De un salto nos hemos plantado en el mismísimo corazón del bosque de las brujas, ¿o era el de los enanitos? Da igual, llevamos la capa de la sonrisibilidad, la nariz de payaso, jeje, nadie nos verá. 


Después de unas cuantas vueltas de tuerca, digo de caminos, o pasillos, ¡qué lío!, nos enfrentamos a la primera prueba. Alguien con mala pinta se dirige a nosotros con una espada puntiaguda y con dios sabe qué intenciones; su vestimenta verde para camuflarse entre la maleza no nos va a engañar. Nos preparamos por si acaso nos ve, que a veces falla nuestra capa. Abro el macuto de lo inverosímil y saco una varita mágica que se la entrego a uno de mis compañeros. No escapará, antes de que se de cuenta estará convertido en rana, sea quien sea ese monstruo infame. Y si no funciona a la primera, pues a la segunda, usaremos el spray pulverizador de hechizos malignos fabricado con chistes. Nos hemos escapado por los pelos, nos ha dicho que vayamos al peluquero antes de salir del bosque. ¡Iremos el año que viene! Seguimos con nuestra misión de salvar a la ninfa atrapada entre los helechos del río Sinamor. Ahora cruzamos una apestosa ciénaga de algodón, alcohol y betadine… ¡puaggg! Pero no hay quien pueda con nuestra poción mágica para desfacer entuertos, está hecha a base de besos y caricias en estado abrumador.

En un oscuro y remoto rincón del bosque vemos a la ninfa. Hay que salvarla inmediatamente, antes de que se apodere de ella el temible Maligno que siempre acecha. Lanzamos nuestra red de posibilidades y ella se agarra a una con la fuerza de todas las ninfas del universo. ¡Qué valiente es! Rápido, volvamos a nuestro escondite en el interior de un cuento de hadas, allí no nos encontrarán. ¡Otra victoria más! Y no será la última. Je, je, je…

miércoles, 7 de enero de 2015

CÓDIGO DEONTOLÓGICO DE PUPACLOWN



Hace tiempo, mucho si eres hormiga o mosca de la fruta, configuramos nuestra asociación de payasos de hospital: Pupaclown. Era allá por el año 1998 (¿lo ves, hormiguita? ¡Mucho!) y dábamos los primeros pasos con algún traspié. Nada que una tirita no pudiera curar. Pronto nos dimos cuenta que éste oficio (¡sí, oficio!) era algo serio. Como ya estaban surgiendo otras asociaciones como la nuestra, aparte de la que ya había, decidimos reunirnos para coordinarnos algo y tener conciencia de grupo que trabaja en la misma dirección. Y una de las cosas que hicimos y de la que estamos muy orgullosos es un Código Deontológico. Nos iba a servir como patrón guía y a los nuevos que llegaran también. Es como tener un mapa de carreteras, una definición de lo que haces, con bastante lógica y cordura. Y esto fue lo que salió.

INTRODUCCIÓN
Mantener la calidad y profesionalidad de las intervenciones sin limitar la calidad de los artistas, exige reunir los principios de Pupaclown en un código deontológico. De esta forma, la participación en las actividades de Pupaclown requiere el conocimiento, aceptación y aplicación de los principios básicos enunciados en este código.

Artículo 1
El artista que interviene en el hospital es un profesional contratado y remunerado por Pupaclown. Ha sido formado en las artes del espectáculo y posee experiencia en ese campo. Recibe con Pupaclown una formación específica del mundo hospitalario para comprender y respetar este medio y adaptar su intervención.

Artículo 2
En el hospital, el artista sólo realiza actos que proceden de su competencia artística. Está presente en el hospital para ayudar a los niños y jóvenes y a sus familiares a soportar mejor su hospitalización. Manifiesta con su actividad que el humor y la fantasía pueden formar parte de la vida en el hospital. Debe ser consciente de intervenir siempre para mejorar el bienestar, tanto de los niños y jóvenes y de sus familias como el del equipo de salud. Actúa siempre con respeto hacia el trabajo del equipo sanitario.

Artículo 3
El artista nunca interviene en solitario en el hospital, sino que siempre trabaja a dúo con su colega.

Artículo 4
El artista es responsable de sus actos en el hospital. Ejerce en sus intervenciones el respeto de la dignidad, personalidad e intimidad del niño y el joven y de su familia. Ejerce todas sus intervenciones con la misma conciencia profesional, sin tener en cuenta la procedencia de la persona, sexo, nacionalidad, religión, costumbres, situación familiar, medio social, educación y enfermedad. Si le piden su opinión, se abstendrá de manifestar cualquier observación que pudiera ser inadecuada, y velará por no hacer ninguna alusión desestabilizante sobre su propia procedencia, costumbres, convicciones religiosas y políticas.

Artículo 5
Se exige al artista el secreto profesional y confidencial. El secreto se refiere a lo que le ha sido confiado, pero también a lo que ha visto, oído, leído, constatado o comprendido sobre la identidad y el estado de salud de los niños. Se exige discreción en todos los lugares tanto en el interior como fuera del hospital (ascensores, vestuarios, lugares públicos, etc.).

Artículo 6
Para asegurar la calidad de sus intervenciones, el artista posee, actualiza, y perfecciona sus conocimientos artísticos (técnicas de clown) y teóricos (desarrollo del niño, formación sobre sus patologías, vocabulario hospitalario, el dolor en el niño, la muerte, etc.).

Artículo 7
El artista vela siempre por la seguridad del niño y el joven. Ni en su interpretación, juegos, accesorios y desplazamientos debe exponer al niño o al joven a una situación de peligro.

Artículo 8
El artista conoce, respeta y acata el reglamento interno, reglas de higiene y seguridad específicas del hospital.

Artículo 9
El artista no toma partido cuando le transmiten quejas concernientes al servicio hospitalario, problemas personales entre el personal y problemáticas de gestión.

Artículo 10
En ningún caso, el artista acepta una comisión o propina por sus intervenciones. No puede prestarse ni participar en ninguna operación de promoción ni en ninguna distribución de objetos o accesorios con fines lucrativos; así como abstenerse de hacer declaraciones a los medios de comunicación sin autorización previa de la asociación.


Después de tantos años vemos que no está mal, que se ajusta bastante a nuestro quehacer diario, así que seguimos con él en la maleta para que no se nos olvide que un código de éstas características es todo un tratado de ética, un manual de buenas prácticas, algo que todo ser humano necesita. Aplicarlo y que se le aplique.